Son muchos los grupos que llevan años intentan conseguir una terapia eficaz con células madre adultas o células especializadas para recuperar el tejido destruido en un infarto de miocardio. Sin embargo, hasta ahora la terapia celular no ha sido eficaz en estos pacientes. Ahora, un grupo estadounidense que lleva años también investigando en este sentido, parece haber encontrado un método para, a partir de las células del individuo, transformarlas en unas progenitoras que están a mitad de camino de las células madre y las células diferenciadas. En ratones han conseguido que sean funcionales tras un ataque cardíaco.

«Los científicos han intentado durante décadas tratar el fallo cardíaco trasplantando células cardíacas adultas, pero estas células no se pueden dividir (ni por tanto cultivar para su multiplicación) por lo que no sobreviven en el corazón dañado», explica en una nota de prensa Yu Zhang, principal autor de este estudio e investigadora en el Instituto Gladstone. «Nuestras células progenitoras cardiovasculares expandibles pueden proliferar y madurar en cualquiera de los tres tipos de células que forman el corazón, lo que las convierte en un prometedor tratamiento potencial para el fallo cardíaco».

En el estudio, publicado en Cell Stem Cell, los investigadores fueron capaces de crear estas células en el laboratorio mediante un procedimiento innovador. En lugar de utilizar células adultas o células madre, lo que hicieron fue usar células de la piel de los ratones, fibroblastos, que normalmente, con el método de Yamanaka, se transformaban en células cardiacas especializadas pero en un proceso poco eficiente.

Este grupo de investigadores identificó el muro que hacía ineficiente el proceso, un gen denominado Bmi1. Al inactivar este gen, el ritmo de conversión celular aumentó 10 veces, pero en lugar de esperar a que esa transformación fuera completa, mediante la aplicación de un cóctel de moléculas, los científicos dirigieron el proceso y lo pararon un poco antes, justo en el momento en que los fibroblastos se habían convertido en células progenitoras cardiacas, que es un paso anterior a una célula especializada o adulta.

«Esta es la gran novedad porque de esta manera se logra que la célula, una vez en el corazón, se convierta en cardiomiocitos o en células de los vasos sanguíneos. Además, este tipo de células aguanta mucho más tiempo en cultivo. Como no son células madre per se, no forman teratomas, es como si los investigadores les hubieran cerrado las puertas necesarias para el desarrollo de teratomas», explica Miguel Manzanares, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).

En cierta manera, señala Manzanares, lo que se ha hecho es imitar lo que ocurre en el proceso de desarrollo embrionario. «Este tipo de células no están presentes en el corazón adulto, lo que han hecho es activar ciertas vías de señalización celular con moléculas, que pueden ser fármacos. Lo bueno es que no implica juguetear con los genes, cuyo riesgo es que no se sabe qué pueden hacer después. En este caso, cuando dejas de administrar esos fármacos se para el proceso».

La cantidad de células obtenidas en el laboratorio, más de 1.000 millones, podría ser una forma sostenible de reemplazar el tejido dañado en un infarto, según explican los autores de este estudio. «Los progenitores cardiacos podrían ser ideales para la regeneración cardiaca«, explica Sheng Ding, investigador senior del trabajo. «Ellos son los precursores más cercanos de las células cardiacas funcionales y, en un simple paso, puede convertirse rápida y eficientemente en células cardiacas, tanto en una placa de cultivo como en un corazón vivo. Con nuestra tecnología, podemos rápidamente crear miles de millones de estas células en el laboratorio y luego trasplantarlas en un corazón dañado para tratarlo».

Para Francisco Fernández Avilés, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el estudio es «un importante hito»; y aunque de momento se ha realizado sólo en ratones, considera que supone un importante avance en el terreno de la recuperación cardiaca después de un infarto de miocardio.

«El problema es que hasta ahora, esos intentos por regenerar el tjido del corazón dañado después de un infarto utilizaban células muy especializadas, pero poco potentes; o, por el contrario, células con mucha capacidad de proliferación pero muy difíciles de controlar».

Las primeras, explica, son células cardiacas ya diferenciadas, lo que hace su uso seguro, pero poco eficiente porque apenas carecen de capacidad regenerativa. En el caso contrario, el uso de células embrionarias ofrecía la ventaja de que son células muy plásticas («restablecen muy bien el tejido dañado») pero «al ser células muy proliferativas es muy difícil controlarlas y tienen un alto riesgo de tumores».

Lo que han conseguido los autores, explica el cardiólogo madrileño, es algo en lo que varios equipos de todo el mundo llevan tiempo trabajando: un híbrido de células, con todas las ventajas de las embrionarias para recuperar el tejido cardiaco, pero sin sus riesgos. «Lo han hecho a través de células pluripotentes, las denominadas iPS, que han logrado diferenciar en células cardiopoyéticas, con una gran capacidad para restituir el tejido dañado».

Como destaca el catedrático de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, en los resultados del trabajo no sólo se puede observar que la restitución del tejido dañado en los ratones afectados por un infarto era total, sino que las células inyectadas permanecían en el corazón; «todo lo cual hace que sea un importante avance».

 

Fuente: El Mundo, Marzo 2013